
Yo era como una luna perdida, una luna cuyo planeta había resultado destruido.
Los placeres violentos terminan en la violencia,
y tienen en su triunfo su propia muerte, del mismo modo
que se consumen el fuego y la pólvora
en un beso voraz.
El príncipe de los cuentos de hadas había venido para convertirme en una princesa.
Cuando te dije que no te quería, esa fue la más negra de las blasfemias.
Puedes llevarte mi alma porque no la quiero sin ti. Ya es tuya.

No hay comentarios:
Publicar un comentario